Cultura del auto y desarrollo futuro

Muchas veces se habla, de manera bastante liviana, sobre los cambios que se ocasionarían en el mercado de transporte en el caso de comenzar a darse una creciente dificultad en el acceso al petróleo -ya sea porque la extracción comience a caer o porque los precios suban mucho. En particular, el punto más trabajado es el tema del transporte individual vía el automóvil. Y se tiende a ignorar, muchas veces, que no sólo estamos hablando de un simple medio de transporte. El auto ha constituido todo un sistema cultural y de desarrollo, que puede relacionarse con múltiples temas. Desde el crecimiento de los suburbios muy alejados hasta los centros comerciales en las autopistas y la separación de los lugares de trabajo con los de residencia hasta todo un sistema de valores relacionados con la libertad de elección y el éxito personal.

Si chequeamos las propuestas de reemplazo del petróleo para las próximas décadas, veremos que por ahora se pone más énfasis en aquellas que permiten conservar el modo actual de transporte. Es lo que se suele llamar “path-dependent”. O sea, dependiente de un tipo de desarrollo elegido previamente. La creación de todo un sistema ligado al automóvil y a los medios de transporte basados en el petróleo nos ha llevado a la creación de enormes infraestructuras para transportarlo, y de una gigantesca red de rutas y autopistas que puedan contener el crecimiento número de automóviles. Frente a ello, no es raro que los biocombustibles aparezcan como una elección obvia, que podrían seguir usando el mismo sistema de distribución que el petróleo. El problema es que los biocombustibles no son una solución viable para reemplazar por completo al petróleo; la superficie cultivada dedicada a los combustibles debería ser enorme, y los precios de los alimentos subirían rápidamente.

El futuro del automóvil

Frente a ello, se pueden evaluar varios escenarios posibles. Uno, cambiar el patrón de uso de energía, y comenzar a usar otras fuentes, como el hidrógeno. Problema: hay que crear una nueva infraestructura para su traslado. O sea, tirar a la basura la mayor parte de lo construido para llevar petróleo, ya que el hidrógeno requiere de otras tecnologías, y por ahora es muy caro de producir. Algo similar, aunque probablemente no tan caro, sucedería si pasamos a sistemas eléctricos para mover a los automóviles -los vehículos híbridos van en esa dirección. Hay que crear nuevas redes de suministro y de carga, reconvertir el parque automotor, y muchas cosas más. Se trata de una inversión enorme de dinero, y que se podría llevar a cabo luego de tomar decisiones a largo plazo sobre el uso de la energía.

La tercer alternativa, y que es la que los políticos y muchos usuarios no tienen ningún interés en considerar, es comenzar a cambiar la cultura centrada en el automóvil. O sea, dejar el transporte privado por otros públicos, donde el costo en combustible para transportar más pasajeros es mas eficiente. O apuntar a nuevas formas de relación entre hogar y trabajo, que nos obliguen a viajar menores distancias. Nada parece indicar que nos encontremos en camino de una cultura menos centrada en el auto. Países como China e India demandan cada vez más vehículos privados, y los países más desarrollados siguen en el camino ya elegido hace varias décadas.

Pensar en cómo debe cambiar la cultura del auto va mucho más allá de concentrarse en combustibles, autopistas y el sistema comercial ligado a su existencia. Implica también tener en cuenta a qué tipo de valores es asociada la posesión del automóvil. Por ejemplo, el éxito, la libertad o la comodidad. Pero, en este sistema económico, quienes pueden reclamar esos valores para sí tienen que tener con que pagarlo. Si el sistema que sostiene la cultura del auto se vuelve cada vez más oneroso y difícil de mantener, es muy probable que nos encontremos con la crisis del esquema actual y nada para reemplazarlo. Hora de pensar, entonces, que los escenarios sobre la movilidad en el futuro pueden enfrentar cambios muy relevantes en las próximas dos a tres décadas.

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1 comment

  1. Muy bueno el artículo, y es un tema que me interesa mucho. Yo pienso que hay que desalentar en todo lo posible el uso de automóviles en las ciudades. Para esto hay que invertir muchísimo en transporte público, mejorando los actuales y creando nuevos. También creo que habría que “agrandar las manzanas”; en lugar de manzanas de 100×100, deberían ser de 200×200, dejando calles internas solo peatonales y hacer calles y avenidas transitables más anchas. La gente debería acostumbrarse más a caminar y andar en bicicleta.

    Con medidas como esas, creo que ya estaríamos ahorrando petroleo.

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