China: la burbuja de la hoteleria

Haze of pollution in Beijing

A mediados de 2008, todos hablaban de China y los Juegos Olímpicos. Los medios elogiaban los edificios que se habían construido para el evento, y la enorme cantidad de dinero que el país había invertido en mejorar la infraestructura de Beijing. Claro, de las expropiaciones que se habían hecho en la ciudad y las decenas de miles de personas desalojadas nadie decía demasiado (hablé de ello en Juegos Olimpicos: no todo termina en Tibet). Pero ahora el tema es otro. Los juegos olímpicos han pasado. En la ciudad se construyeron más de 100 hoteles de varias estrellas para albergar a los turistas que llegaron para los Juegos. Y la expectativa del gobierno chino era que la enorme publicidad del evento llevaría más turistas durante el resto de 2008.

Pero ya saben que pasó en el segundo semestre de 2008: comenzó la crisis financiera global, y ahora Beijing tiene hoteles carísimos y que apenas si tienen pasajeros. Según Los Angeles Times, los responsables del Pangu Plaza, un hotel de 234 habitaciones y con suites que cuestan 17 mil dólares la noche, afirman tener una ocupación del 30%. Pero el periodista de Los Angeles Times no vio ningún pasajero hospedado. Hoteles como el Marriott, que durante los Juegos cobraban de 5000 a 6000 yuanes por noche (entre 650 y 800 dólares), hoy alquilan sus cuartos por 800 yuanes, según China.org.cn.

Es evidente la “burbuja” de construcciones en China en algún momento iba a comenzar a tener problemas. Y lo malo, a futuro, es que, si bien el país espera que el turismo crezca en los próximos años, esa mejora no será tan impresionante como para absorber tantos hoteles caros y de lujo. ¿O será nada que una de las muchas burbujas que vamos a ver explotar en los próximos meses?

Más sobre el tema en The Economist.

La foto de la polucionada Beijing que abre esta entrada fue tomada por Addictive Picasso y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

El Calafate, hielos y abusos

ice arch

Yasmina Rodríguez está viajando por Argentina, y mantiene un blog para el diario español El Mundo. En estos días, ha publicado una durísima entrada sobre El Calafate, uno de los destinos estrella de la Patagonia argentina, y que en los últimos años ha crecido de una manera impresionante. Yasmina critica los precios carísimos en todo -algo que ya varios me habían contado-; la discriminación de precios que penaliza a los extranjeros cobrándoles mucho más que a los locales; la falta de más conexiones por buses; los muchos monopolios que hay en la ciudad -transporte, excursiones, etc-; y lo mal que tratan a los turistas en los centros de informaciones.

Obviamente, todo esto es un cóctel explosivo, y a la burbuja turística de El Calafate seguramente le queda bastante poco tiempo antes de explotar, en particular si se tiene en cuenta lo caro que se está transformando Argentina frente a los países vecinos. Desde ya, la nota hace muchas referencias al matrimonio presidencial de los Kirchner, que es parte central del éxito de El Calafate.

La entrada tiene un título bien directo: Los Kirchner, El Calafate y la madre que los parió. Y la pueden leer en este enlace (gracias Germán por el aviso). La imagen que abre la entrada fue tomada por angela7dreams.

Actualización: me avisa Fernando Casale sobre una nota sobre el mismo tema que publicó el diario argentino Clarín, y que no había visto al momento de redactar la entrada. La pueden ver en este enlace. Lo increíble de la nota de Clarín es que citan la entrada del blog de El Mundo, pero no la enlazan… Los medios siguen sin saber como hay que manejarse en Internet.

Buenos Aires y los cierres de restaurantes

Almuerzo rápido

En las últimas semanas, se ha registrado un importante número de cierres de restaurantes en Buenos Aires, que algunos estiman en 200 a 300 locales. La hipótesis de Alejandro Magliano, un columnista de La Nación, es bastante simple: la principal causa de muchos de estos cierres es que un buen número de restaurantes se concentraron en el segmento de los turistas internacionales, y aumentaron sus precios de tal manera que se transformaron en demasiado caros para los habitantes locales. Ahora, que el turismo internacional está en plena caída gracias a la crisis global, muchos de ellos deben cerrar porque no son competitivos. Magliano lo dice sin vueltas: el problema es que se creyeron que la “gilada turística” les iba a durar por siempre, y con ello, los precios tan caros como en New York o París.

Efectivamente, muchos restaurantes de Buenos Aires, ubicados en las zonas más visitadas por turistas, habían aumentado demasiado sus precios, a una velocidad mayor que la inflación local -que ya fue muy alta este año, por cierto. Pero este incremento de precios no sólo se verificó en los restaurantes, ni se limitó a Buenos Aires; muchos turistas pudieron observar que en buena parte de la Argentina los precios de cualquier servicio ligado con el turismo sufrió notables incrementos, a tal punto que de ser un país de precios más bien económicos en 2002, hemos pasado a tener costos bastante similares a los de muchos países desarrollados. Para quienes tenemos la suerte de viajar, podemos ver que comer en New York no es más caro que en Buenos Aires, en particular en el segmento de menúes en los mediodías, por ejemplo. Los hoteles también entran en este terreno. En lo único donde Argentina aún saca diferencia es en el costo del transporte, en particular el terrestre, donde los precios no son tan altos gracias a que el valor del combustible es más económico que en los países cercanos. Pero con el descenso del precio del petróleo, incluso esta diferencia va camino a desaparecer.

Ya hace un tiempo muchos actores del mercado turístico vienen advirtiendo sobre la estrategia de corto plazo que prima en buena parte del campo turístico argentino. Para decirlo simple: “ganemos todo lo que podamos ahora, antes que explote la burbuja”. Eso justifica, claro, cobrar cualquier cosa mientras la situación lo permita, y salir del negocio apenas comience a caer la rentabilidad. De más está decir que difícilmente una estrategia de ese tipo permita que Argentina se inserte de manera estable en el mercado turístico internacional. Lo que hará que esto sea negocio no es “aprovechar la coyuntura”; es más bien establecerse como un destino confiable -al menos desde el punto de vista de los servicios y la calidad de atención.

Y si alguien sostiene que en el mercado argentino no se ha apostado de manera generalizada al corto plazo, que me explique como puede ser que, al primer coletazo de la crisis, semejante cantidad de restaurantes haya cerrado -desde ya sabemos que también hay crisis en el mercado local, pero los que cierran no son justamente los más económicos. Sabemos que ese segmento se destaca por una mortalidad más elevada que otros negocios. Pero llama la atención que coincida tan rápidamente con la caída del turismo internacional en la ciudad de Buenos Aires, un tema que tiene muy preocupados a los operadores locales. Ahora habrá que estar atentos a la oferta hotelera, a ver que pasa en los próximos meses.

La nota de Alejandro Maglione en La Nación la pueden ver en este enlace.