07/12/12

Relaciones antes que oposiciones 2: turistas, viajeros y vagabundos

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Turistas

Habitualmente encontramos muchos relatos de viajes, en los cuáles se hace una diferenciación en términos de oposición entre viajeros y turistas. Los primeros son el modelo de quien sabe moverse por el mundo; quiere conocer las culturas locales, prefiere la experiencia a la comodidad, ama la movilidad y es casi un etnógrafo amateur. El turista, en cambio, es un idiota que viaja; no tiene interés en conocer las culturas locales, vive encerrado en enclaves desarrollados para el turismo, y únicamente piensa en su confort. Como ya señalamos alguna vez en este blog, tal modelo relacional tiene un problema: es el relato desde el punto de vista de los que se definen como viajeros. Construir un modelo de turista como el “idiota que viaja” sirve para resaltar sus cualidades. No es una buena forma de análisis desde las ciencias sociales. Al fin y al cabo, todo el mundo se describe en términos que los favorecen.

Pero hay otro punto que podemos señalar para marcar que la distancia entre viajeros y turistas puede ser discutida: cuando ingresa al mundo del viaje una tercera figura: aquella que Zygmunt Bauman llama “vagabundo”. Continue reading

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08/12/11

Ciudad, espacio y tecnología: sobre los contextos y la experiencia del viaje

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Hasta aqui

En este blog hemos analizado en ocasiones anteriores un tema que cada tanto vuelve por los medios especializados en turismo: la idea de que “la tecnología arruina el viaje”. Uno de los puntos que habitualmente se usan en esta polémica es que demasiada información impide al viajero “descubrir cosas nuevas”. Este tipo de crítica suele olvidar que la mayor parte de los recorridos turísticos que se hacen son parte de ofertas estandarizadas, y que han ganado un espacio relevante en el mercado Continue reading

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10/12/10

Turismo: sobre riesgo y precaución

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Epidemia de Pánico / Panic Epidemy

Primero, la cita:

“Un avión de pasajeros que iba de Londres a París acaba de estrellarse. Aunque se desconoce la fuente del problema, muchos sospechan de que se trata de un atentado terrorista. Durante las semanas siguientes, muchas personas que hubiesen viajado en avión toman trenes o permanecen en sus hogares. Algunas de esas mismas personas reconocen que el riesgo estadístico es sumamente pequeño. No obstante, se niegan a volar, en parte, porque no quieren experimentar la ansiedad que les provocaría hacerlo”.

¿Cómo explicar este tipo de situaciones? Si nos posicionamos en una explicación basada en el riesgo estadístico, podríamos señalar varias cosas. A pesar de que poco tiempo antes se haya producido un accidente aéreo, las probabilidades de riesgo siguen siendo similares. Reemplazar el avión por otra forma de locomoción no es justamente una solución, ya que otras formas, como el viaje en auto, tienen mucho mayores índices de accidentes. Ni siquiera quedarse en casa es una solución, en tanto hay, como todos saben, probabilidades de accidentes caseros.

Para Carl Sunstein, el tema debe ser explicado a partir de salir de la “explicación estadística”. Señala que “cuando hay en juego emociones intensas la gente tiende a concentrarse en el resultado adverso y no en la probabilidad“. Esto es, enfatiza los peores escenarios. Y prosigue: “cuando las personas carecen de información estadística se basan en cierta heurística o reglas generales que sirven para simplificar su investigación“. Para decirlo de manera más sencilla, toman decisiones en base a acontecimientos que se han hecho más visibles, y en base a una serie de temores, antes que en una decisión meditada fundamentada en estadísticas de mediano y largo plazo.

Esta apreciación del riesgo es interesante para el mercado turístico, y da algunas pautas para explicar algunos de los problemas causados por la percepción del riesgo en determinados casos. Por ejemplo, la caída en la cantidad de visitantes a países como México y Argentina por la “epidemia de gripe A” de 2009 fue muy importante, a pesar de que muchos especialistas aseguraban que la posibilidad de contagio y de sufrir consecuencias muy graves por ello eran realmente muy bajas. Claramente, en este caso se puede leer el tema del “peor escenario”; la probabilidad estadística se deja de lado y se prefiere tomar decisiones en relación con las peores posibilidades existentes. Claro que ese “peor escenario” también era muy visible gracias a la cobertura de los medios, que habían puesto en los primeros lugares de su agenda al tema de la gripe A.

Pero el riesgo ocasionado por la gripe A también nos puede llevar a otro tema: cómo aparece esa percepción. Un caso interesante, y que aborda Sunstein, es que pasa cuando un lugar que parecía “normalmente seguro” de golpe pierde esa cualidad.

“Los riesgos pueden aparecer a la vista en forma repentina y hacer que las personas crean, donde antes estaban “seguras”, ahora están “inseguras”. En los Estados Unidos, los atentados terroristas del 11 de septiembre son un caso obvio en cuestión, que hicieron pensar a la gente, durante un corto tiempo, que los aeropuertos y demás espacios públicos “no eran seguros” y luego le provocaron preocupación al hacerle pensar que la nación básicamente estaba ” en riesgo”.

Nuevamente, tenemos la hipótesis del “peor escenario”, extendido a todo tipo de espacios públicos a partir de un hecho puntual, y que no ha vuelto a repetirse de esa manera. Más allá de los evidentes usos políticos del miedo por parte del gobierno de Bush, está claro que la percepción del riesgo por parte de ciudadanos y viajeros se concentró en las peores posibilidades antes que en la probabilidad estadística, y en las emociones antes que en la evaluación.

Quitemos del medio las valoraciones sobre la manera de concebir lo real, y pasemos a concentrarnos en un punto más directo: este tipo de comportamiento no tiene nada de raro. Y para el sector de turismo, comprender como los ciudades perciben el riesgo es crucial para poder amortiguar los impactos de una crisis causada por la “falta de seguridad”. Podemos salir a explicar que las probilidadades estadísticas de contraer gripe A o ser víctima de un atentado terrorista son más bajas que la de sufrir un accidente camino al trabajo, pero no tenemos que creer que eso es suficiente. En el medio, tenemos las emociones; la hipótesis del peor escenario, que además gana en visibilidad por la cobertura mediática; y también las medidas de políticas públicas, muchas veces anunciadas de apuro ante el reclamo de muchos ciudadanos sobre que “algo hay que hacer sobre este problema”.

Cualquier destino puede sufrir, en un determinado momento, una fuerte caída en la cantidad de visitantes ante la percepción de un riesgo determinado. Buscar salir de esa incómoda posición implica algo más que mostrar que el riesgo está siendo exagerado, en base a las estadísticas con las que contamos; hay que ir más allá y tener en cuenta que la “reacción emotiva” frente al “peor escenario” es muy factible, y que hay que pensar en cómo lidiar con ese problema. A mediano plazo, es muy probable que esa percepción del riesgo ceda, a medida que el escenario más negativo pierda visibilidad. Pero en el momento más complicado, las estrategias tendrán que ir un poco más allá que tener la palabra de los especialistas y difundir estadísticas.

Bibliografía

Sunstein, Carl (2005) “Los peores escenarios” en Leyes de miedo. Más allá del principio de precaución. Buenos Aires, Katz, 2009.

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08/2/10

Los usos del antiturismo

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Gente que camina por ahí

Rastrear opiniones en contra del turismo no es una tarea tan compleja. Se lo puede hacer en libros, tanto de ficción como de opinión, y también en las afirmaciones de sentido común que hacen los habitantes de lugares que son, no tan paradójicamente, destinos turísticos. Me interesa en esta entrada resumir algunas de esas posturas “antiturísticas”, pero también señalar como algunas críticas no pueden ser etiquetadas sin más como “anti” turismo o viaje.

Una tradicional crítica en contra del turismo es la que lo opone a la categoría “viaje”. Mientras que en algún momento una elite “sabía viajar”, la masificación de la posibilidad de trasladarse a otros destinos lleva consigo la llegada del turismo, entendido negativamente como una forma de movimiento estandarizado y sin mayor valor. Se trata de una forma tradicional de condena de los cambios en un segmento, en este caso el del turismo. Los “nuevos” carecen de clase, y no son dignos de ser llamados “viajeros”. Claro, este tipo de crítica suele esconder diversas formas de clasismo. Y no se suele sustentar en un análisis de prácticas, ya que las actividades de los “presuntos viajeros” en realidad solían ser idealizadas.

Un segundo tipo de críticas condena al turismo por vaciar de sentido la idea de viaje. Los turistas se mueven de manera masificada; llegan a destinos que apenas conocen -o ni siquiera tienen deseos de conocer-; demandan servicios similares a los que tienen en sus lugares de origen; y por último sólo quieren entretenimiento, y no tienen el menor interés en lo cultural. Se trata de una caracterización muy negativa del turista, que asocia su comportamiento con la planificación fordista del turismo masivo. Al igual que la primera, suele esconder una crítica clasista, pero también tiende a homogeneizar por completo las grandes diferencias entre las distintas formas de turismo. Y es una posición que hoy es muy difícil de defender, debido a la profunda diversificación del segmento turístico y de los estilos de viaje. A tal punto que hoy pueden venderte un destino turístico porque, justamente, es “poco turístico”.

Ahora bien: existen otras formas de crítica del turismo que no pueden ser llamadas de manera tan simple “antiturísticas”. Debido a que la industria del viaje y muchos medios especializados tienden a remarcar una imagen del turismo que sólo habla de las cosas positivas -descanso, felicidad, conocimiento, etc- es relevante destacar que hay corrientes de análisis que, desde la economía y las ciencias sociales, tienden a marcar los problemas ocasionados por el movimiento de personas con fines de ocio. Contaminación ambiental, conflictos por las tierras, desplazamientos de habitantes locales, deterioro del patrimonio histórico, alzas de los precios de los servicios locales, pueden ser algunas de las dificultades ocasionadas. Llamar sin más a estas formas críticas del turismo simplemente como “antiturísticas” suele ser en realidad una estrategia destinada a anular toda posibilidad de crítica desde otros campos de estudio y trabajo. Y, en buena parte, responde a un tema puntual de agenda; a los estudios de ciencias sociales les interesan particularmente los aspectos conflictivos del turismo, mientras la industria del viaje no quiere saber nada de hablar de cualquier problemática riesgosa.

Rechazar las lecturas elitistas que separan viaje de turismo no implica anular la posibilidad de crítica, o de propuesta de nuevas agendas sobre el mercado de viajes. No todo es antiturismo simplemente porque se niegue a aceptar una agenda donde no se puede hablar de ninguna problemática conflictiva.

Referencias

Seaton, A.V., “Anti-tourism”, en Jafari, Jafar (Ed.) Encyclopedia of tourism. Londres, Routledge

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07/24/10

Libros, libros, libros

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Mobile Lives, por John Urry y Anthony ElliottMi presupuesto ya viene bastante estresado, y a mi lista se siguen agregando libros que me interesan. Por el lado de los estudios sobre ciencias sociales, viajes y movilidad, tenemos Mobile Lives, de Anthony Elliott y John Urry -se editó el 9 de julio-; Mobile Methods, de Monika Buscher y (otra vez) John Urry -al menos, ese sale en septiembre, hay más tiempo para ahorrar- y The Cinematic Tourist: Explorations in Globalization, Culture and Resistance, de Rodanthi Tzanelli -que iapareció en marzo. Los tres salieron o van a salir por la editorial inglesa Routledge.

Si tenemos en cuenta ell volumen bastante interesante de publicaciones en inglés sobre temas relacionados con viajes y movilidades desde el campo de las ciencias sociales, sigue siendo llamativo el escaso interés que esto despierta en el mercado en español. Ni siquiera las editoriales que traducen textos académicos han mostrado mayor interés. Títulos clásicos como The Tourist, de DeanMacCannell, tuvieron que esperar 30 años para aparecer en español. Posiblemente no hay un mercado tan amplio para establecer colecciones sobre el tema, pero algún título cada tanto podrían lanzar. En particular, porque es una buena forma de tener mayor variedad de lecturas en nuestro idioma para recomendar a los lectores y estudiantes que quieren arrancar con estas temáticas.

Por fuera del tema viajes, y por el simple placer de leer, dos recomendaciones para los que viven en Argentina. Anagrama acaba de distribuir nuevamente en Buenos Aires Rastros de Carmín. Una historia secreta del siglo XX, de Greil Marcus. Es un libro fallidamente maravilloso; Marcus no logra demostrar del todo esa “historia secreta”, pero en el medio escribe páginas extraordinarias, en particular sobre la historia del punk. Caro, pero vale la pena cada centavo. La otra recomendación: en mesa de saldos y supermercados de Buenos Aires está dando vueltas !Basta de Mentiras! El periodismo de investigación que está cambiando el mundo, de John Pilger. Cuesta sólo 18 pesos argentinos, y compila artículos periodísticos estupendos. Si lo ven, no duden.

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