07/12/12

Relaciones antes que oposiciones 2: turistas, viajeros y vagabundos

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Turistas

Habitualmente encontramos muchos relatos de viajes, en los cuáles se hace una diferenciación en términos de oposición entre viajeros y turistas. Los primeros son el modelo de quien sabe moverse por el mundo; quiere conocer las culturas locales, prefiere la experiencia a la comodidad, ama la movilidad y es casi un etnógrafo amateur. El turista, en cambio, es un idiota que viaja; no tiene interés en conocer las culturas locales, vive encerrado en enclaves desarrollados para el turismo, y únicamente piensa en su confort. Como ya señalamos alguna vez en este blog, tal modelo relacional tiene un problema: es el relato desde el punto de vista de los que se definen como viajeros. Construir un modelo de turista como el “idiota que viaja” sirve para resaltar sus cualidades. No es una buena forma de análisis desde las ciencias sociales. Al fin y al cabo, todo el mundo se describe en términos que los favorecen.

Pero hay otro punto que podemos señalar para marcar que la distancia entre viajeros y turistas puede ser discutida: cuando ingresa al mundo del viaje una tercera figura: aquella que Zygmunt Bauman llama “vagabundo”. Continue reading

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07/19/10

Turismo y control

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Hasta aqui (New York)

Por lo general, la palabra “turismo” suele asociarse a libertad de movimientos. Pero hay otro lado del turismo que no suele ser muy analizado, y que tiene que ver con diferentes formas de control del espacio y los movimientos de los turistas. Es un campo interesante para analizar, en particular para quienes tienen que hacer trabajos sobre turismo en las ciencias sociales.

En primer lugar, pensemos a uno de los espacio más asociados al viaje, como los aeropuertos. Deben existir pocos espacios en el mundo que tengan tanto énfasis en el control como los aeropuertos. En particular desde los atentados en Estados Unidos, año tras año hemos visto que se incrementaban las limitaciones a los movimientos; a las cosas que podíamos cargar hacia los aviones; a un chequeo más estricto de los documentos de viajes, y otras cosas. Al menos por ahora, los pasajeros han aceptado ese recorte en la libertad de movimientos en nombre de la seguridad, pero ya se están planteando debates alrededor de varias problemáticas ligadas con la privacidad. Por ejemplo, que tipo de datos debemos brindar cuando entramos a un país, cómo se usará esa información, y la masificación de los escáneres de cuerpo completo, objetados en varias naciones.

En segundo lugar, tradicionalmente todo tipo de transporte para turismo depende de sistemas de control bien precisos. Asientos numerados, espacios delimitados, horarios establecidos. La libertad de viajar implica un lado controlado y regulado por terceros.

Tercero, ciertos tipos de espacios turísticos también tienen un esquema claramente definido de control del espacio y los movimientos de los turistas. Algunos de ellos han sido largamente estudiados, como el caso de los parques de diversiones tipo Disneylandia.

Cuarto, existe un tipo de control sobre la libertad de movimientos en las ciudades, y muchas de esas medidas están ligadas al turismo o a grandes eventos. Ello puede ir desde el desplazamientos de una parte importante de la población para construir estadios e instalaciones, como pasó en el caso de los Juegos olímpicos en China, hasta el control de la llegada de turistas a ciertas zonas, ya sea zonas completas -el caso Tibet- hasta la imposibilidad de una parte de la población local de llegar a zonas turísticas -como denunció el diario Perfil con respecto a lo que sucedía en la localidad argentina de Bariloche. O los que “sugieren” que los turistas se queden en áreas específicas y limitadas de manera de informal, como sucede en La Boca, en Buenos Aires.

Quinto, y final arbitrario, recordemos que el tema del control de las fronteras es otro de los clásicos puntos de control del espacio relacionados con el turismo. Y que no todos pueden ser turistas. A veces, porque no se alcanzan ciertos requisitos económicos o de documentación; en otras, porque se tiene una nacionalidad que automáticamente te somete a una serie de controles extra. Algo de lo que ya hablamos en No todos somos turistas.

Algunas referencias bibliográficas sobre el tema:

Bauman, Zygmunt (1999) “Turistas y vagabundos”, en La globalización. Consecuencias humanas. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
Hannam, Kevin y Dan Knox (2010) “Regulating Tourism” en Understanding Tourism. A critical Introduction. Londres, Sage.

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07/9/09

11 fronteras particulares

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Para muchos, las fronteras no son más que un trámite administrativo. Para otros, son lugares donde hay que ponerse muy nerviosos, a la espera de que nos permitan la entrada y nos sellen el pasaporte. Pero algunas fronteras son bastante particulares. En Environmental Graffitti hicieron una selección de 11 de ellas, todas marcadas por alguna razón particular.

Por un lado, las fronteras que se atraviesan a través de túneles. Una de ellas es legal -un cruce entre Alemania y Austria- pero otros dos eran clandestinos: uno cruzaba el Muro de Berlín, y otro la frontera con Estados Unidos. Luego, la frontera entre España y Marruecos en el norte de África, que consta de dos alambradas de varios metros, totalmente iluminada y militarizada para evitar la inmigración ilegal y el contrabando. Lo pueden ver bien en la imagen que abre la entrada.

También hay lugar, dentro de la selección, para las fronteras que se encuentran dentro de ciudades, por el medio del desierto o en las montañas.

Más sobre el tema en Environmental Graffitti. La nota es un tanto liviana -sobre todo por su uso del “bizarre”, pero estas fronteras sólo pueden ser comprendidas de manera un poco más interesante en el marco de complejos procesos políticos. También hay datos interesantes en la entrada en inglés de Wikipedia dedicada al tema de las fronteras.

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11/12/08

Ida y vuelta

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Chinatown;  parade spectators

Muchos países desarrollados están acostumbrados a pensar que personas de determinadas nacionalidades sólo llegan a sus países con un único motivo: quedarse trabajando de manera ilegal. Quienes vivimos en el sur, sabemos que se da por sentado, cada vez que pasamos por migraciones en cualquier país, que no somos turistas. O sea, tenemos que probar que realmente estamos de visita temporaria; convencer al empleado de migraciones de que no vamos a quedarnos de manera ilegal; y cosas así.
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09/17/08

Mundos posibles, turismo y migracion

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Feet on beach shore

Primero la cita. Es un poco extensa, pero es importante para lo que sigue.

En vez de aceptar simplemente su propia vida como fatalidad, un número de personas cada vez mayor comienza a imaginar otros mundos y a compararlos con el suyo. De este modo, la vida de un individuo no sólo está determinada por las circunstancias inmediatas, sino cada vez más por las realidades sociales mundiales y posibilidad que los medios (de forma directa o indirecta) sugieren como realizables. A ello se agregan los flujos del turismo mundial, que, en cierto sentido, provocan un efecto similar. Lo que los autóctonos perciben es un sinnúmero de turistas que pasan semanas enteras sin hacer nada, que se permiten el lujo de alojarse en hoteles y comer en restaurantes, alquilar coches e ir de excursión, contratar masajes y cursos de buceo, y otras cosas. ¡Qué bienestar más fabuloso! ¡Qué vida tan bella!

El fragmento, escrito por Ulrich Beck y Elizabeth Beck-Gernsheim, marca una relación importante: la del turismo con las migraciones. El ver a los turistas “occidentales” pasarla tan bien, una enorme cantidad de habitantes de países más pobres conocen un modo de vida que ellos, con sus bajos ingresos, no puede aspirar en su país. Pero pueden, primero, soñar con ese modo de vida. Y segundo, buscar alcanzarlo al trasladarse a los países de esos turistas. El turismo, así, está bastante lejos de ser sólo una actividad económica. Junto a los medios, difunde una imagen de un mundo mejor que no está en casa, y que se encuentra en los países más desarrollados.

¿Para qué seguir sufriendo si puedo migrar? Es obvio que ese cambio de lugar no es algo sencillo. Desde hace décadas los países más desarrollados no cesan en poner más y más barreras a la migración, por lo general con resultados paupérrimos. Aunque no quieran, las personas migran igual. Si los productos y las imágenes cada vez circulan más fácil, es bastante contradictorio creer que las personas no deben hacerlo. Aunque aquí habría que hacer una salvedad: los turistas si pueden circular casi libremente, porque en casi todo el mundo quieren recibirlos. Los migrantes, en cambio, son cada vez más rechazados. El punto más alto de esta política es la intención de la Unión Europea de transformar la categoría de migrante, bajo ciertos requisitos, en un acto ilegal punible con la cárcel. Los derechos humanos serán nacionales, porque de universales cada vez tienen menos.

Lo que habría que objetar a Ulrich Beck y Elizabeth Beck-Gernsheim es que el tema de la relación entre turismo y migración aparece como plausible, pero habría que estudiarla de manera empírica, más alla de la hipótesis. Hay puntos que son muy obvios; por ejemplo, analizar las expectativas de muchas personas de poder casarse con un “turista extranjero” para dejar su país y trasladarse a un lugar mejor, al menos en lo económico. O dar cuenta de esa relación entre “turistas extranjeros de ocio” y las ganas de dejar tu país de una buena vez. Pero, aún cuando falte un poco más de trabajo empirico, el planteo de los autores recupera un aspecto político de la relación entre turismo y migración: que visitar otros países y llevar un estilo de vida económicamente acomodado no se limita apenas a dejar billetes en otros lugares del mundo. Implica llevar una imagen a otras naciones, y a estimular a otros a seguir un sueño. ¿No es obvio marcar que no habrá barreras posibles para detener a aquellos que toman la decisión racional de dejar sus pobres países para obtener mejores salarios, beneficios y acceso a servicios públicos?

La cita pertenece a Generación Global, de Ulrich Beck y Elizabeth Beck-Gernsheim, publicada por Paidós, Barcelona, 2008, páginas 30 y 31.

La imagen que abre la entrada fue tomada por René Ehrhardt y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.

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