Archivo de la etiqueta: iruya

Iruya, 2001 – 2007

Alrededores de Iruya

Seis años

Seis años es mucho tiempo, y más en el norte de Argentina, donde, desde la devaluación, el turismo internacional ha crecido de una manera sustancial. Por 2000 y 2001, las anteriores ocasiones que había visitado Iruya, en la provincia de Salta, la mayor parte de los visitantes eran mochileros. Ahora las cosas eran muy distintas. Por cierto, apenas permanecimos un día, entre las 13 horas del martes y las 15 del jueves, porque el viernes me esperaban en San Salvador de Jujuy para un evento de turismo.

Apenas ponemos el pie fuera del micro, no parece que mucho haya cambiado. La entrada, justo donde se alza la iglesia, es idéntica a años atrás. Pero basta avanzar unos metros para caer en la cuenta que la demanda turística está transformando el pueblo. Las hosterías y lugares de alojamiento se han multiplicado. Todos parecen tener lugares para ofrecer, más ahora, en temporada baja. Decidimos ir a dar una vuelta por el pueblo, para ver los precios, aunque apenas bajan del micro les ofrecerán alojamiento en casas de familia, por precios que van de los 20 a 25 pesos por una habitación doble (de 7 a 9 dólares aproximadamente). Incluso se puede dormir en habitaciones compartidas por 10 pesos (algo más de 3 dólares).

La primera parada fue el Federico III, un hostal que ya estaba allá por 2000. Lo han remodelado, y por una habitación muy linda nos pidieron 150 pesos (50 dólares). Fuera de nuestro presupuesto. A seguir caminando; en el Caucillar, 110 pesos (33 dólares) por una habitación no tan linda, y que tiene agua caliente sólo a pedido. Más recorrida por las calles de Iruya, llenas de subidas y bajadas. Caminata hacia la plaza, y entramos en el Hostal Tacacho. Habitaciones nuevas, y están construyendo más; 60 pesos la doble (20 dólares). Están nuevas, y las ventanas dan a la calle, así que la tomamos. Ojo: estos precios son para noviembre, y no tengo mayor idea si en julio -agosto (temporada alta para quienes vienen del hemisferio norte) o enero – febrero (temporada alta para quienes vivimos en el sur) se mantendrán igual. Había varias hosterías nuevas, pero estaban cerradas. En la parte alta del pueblo también hay varias opciones para alojamiento, como el Palmira y Clarisa. También hay lugares donde dormir en la parte del pueblo que está del otro lado del río. Hay más información sobre alojamientos en Iruya en una entrada anterior, donde los lectores de este blog aportaron información muy interesante.

Iruya, desde el mirador

El cambio interior

Pero si el aspecto de Iruya ha cambiado, lo que más se ha modificado es la forma de pensar de quienes viven allí, que ahora apuntan todo al turismo internacional. Me comentaron lo mucho y bien que se había trabajado en julio y agosto, cuando el pueblo “se llenó de gringos”. Cuando comenté que ahora en enero y febrero nuevamente tendrían muchos visitantes, ya no había tanto entusiasmo. “Esos sólo quieren pagar tres pesos la habitación”, me dicen. Se refieren a los mochileros, mayormente argentinos, que llegarán por allí. Ok, entiendo que algunos se pasan un poco de ahorrativos, y quieren conseguir todo -alojamiento, transporte, comida- gratis o casi gratis. Ya hablé del tema en una entrada sobre “mochileros extremos”. Pero, a la vez, no puedo dejar de sentir cierta incomodidad. Al fin y al cabo, buena parte de la fama de Iruya llegó vía el boca a boca de los mochileros, que se llegaban hasta acá cuando pocos turistas se animaban. Y ahora, en enero, en pocos meses, volverán a llegar. ¿Acaso no es posible planificar algún tipo de oferta o alojamiento para ellos? Nada original; algo tipo albergues comunales, bastante comunes en otras localidades del norte argentino. Volveré sobre el tema en una entrada futura, no me quiero desviar más del tema Iruya.

Comer, viajar, pasear

Hora de comer; por las recomendaciones de los lectores del blog, marchamos con mi esposa para el Comedor Iruya, también conocido como el comedor de Tina, nomás. Ricas empanadas de carne -mis preferidas- y de queso, a un peso. Son horneadas. Se come muy bien por unos 10 pesos por persona (3,33 dólares), con gaseosa grande o cerveza Salta de litro. Hay estofado de llama, si quieren probar otras cosas. Hay alternativas más baratas, y se pueden conseguir hasta tres empanadas fritas por un peso en otros comedores. Nos gustó almorzar en lo de Tina, y volvimos el otro día, antes de salir para Humahuaca de nuevo.

Iruya, y es de noche
No fuimos a San Isidro; no teníamos tanto tiempo, y llegamos nomás hasta la palca (¿está bien escrito así?), la confluencia de los dos ríos que corren en la cercanías de Iruya. Nos quedamos buen rato allí. Hay montañas coloridas, agua fresca, y botellas de plástico tiradas por todos lados. De hecho, se pueden encontrar desechos plásticos por todos los alrededores de Iruya, lo cual es, claro, una lástima. Apostar por el turismo internacional no es una simple elección para ganar más; hay una exigencias de mayores y mejores servicios, y eso suele generar más basura y esas cosas. ¿No deberían existir ya políticas de recolección y reciclado de basura? Tal vez las haya, pero por desgracia parecen no alcanzar. El Estado parece bastante ausente del desarrollo turístico de Iruya. La belleza de los alrededores del pueblo opaca por ahora cualquier cosa; pero en un par de años, si sigue el crecimiento, habrá más problemas. Por ejemplo, con la provisión de agua y luz -sobre este tema, también volveré cuando escriba sobre Purmamarca. Mientras estaba en San Salvador de Jujuy, escuché a algunas personas hablar que la región debía romper con la estacionalidad, y tener turistas todo el año. No creo que ese sea el desafío. El gran problema es como lograr que el turismo en la zona sea sustentable; esto es, compatible con las reservas de agua, con la infraestructura de provisión de servicios como la electricidad, y la generación de desechos y su recolección. Hasta ahora, el crecimiento del turismo ha traído más posibilidades de ingresos para los habitantes de Iruya, pero en el futuro cercano planteará desafíos que no podrán afrontar sin políticas adecuadas generadas por el Estado.

Más paseos obligados. Al mirador, por el camino que sale desde el costado de la Hostería de Iruya, el establecimiento más caro del pueblo -unos 200 pesos, 66 dólares-. Cerca de allí también se encuentra el cementerio. Suban y bajen por las calles; el aspecto del pueblo, en ese sentido, es único, y muy diferente a otros destinos muy conocidos en la región. Apenas lo vean, les va a encantar, en serio.

Vayan a San Isidro. Son algunas horas de caminata hasta ese pueblo, pero vale la pena por lo hermoso del paisaje. Con buen ritmo, salen temprano y a media tarde ya están de regreso en Iruya. Importante: quedarse al menos dos a tres días. No me imiten con mi estadía de un día, no alcanza para recorrer la zona. Hay más excursiones, pero al ser temporada baja y día de semana, no vi a nadie que ofreciera tours hacia las cercanías.

El camino a Iruya

Para llegar a Iruya, se puede tomar desde Humahuaca, Jujuy, el micro de la empresa Mendoza -dicen simplemente “Iruya” en uno de los costados. Tienen tres horarios diario. Desde Humahuaca, salen a las 6, 10 y 18 horas. Desde Iruya, a las 6,14 y 15:30 horas. El costo del pasaje es de 11 pesos (cerca de 4 dólares). Todo el recorrido toma tres horas, y es realmente hermoso -pueden ver un ejemplo en la foto que está arriba de este párrafo. Tiene partes de cornisa, bastante tranquilas si es que conocen rutas en Bolivia, y al pasar por el límite entre Salta y Jujuy llega a las 4000 metros de altura. Humahuaca, por cierto, está a unas tres horas de viaje desde San Salvador de Jujuy.

Micro de Humahuaca a Iruya