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Bloggers, fragmentación de contenidos y prácticas de publicación

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No trespassing

Quienes escribimos en un blog desde hace varios años, de manera regular, hemos presenciado ya unos cuantos cambios en el mercado de publicaciones en Internet. Pero uno de ellos es muy relevante en nuestro trabajo diario: la creciente fragmentación de las plataformas de publicación. De tener uno o dos blogs pasamos a tener un blog más un número indeterminado de cuentas en múltiples servicios Web de publicación de fotos, videos, textos, geolocalización, y la lista sigue Para leer mas

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Turismo y servicios: medios sociales, información e incentivos

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mall food

En algunas entradas publicadas en este blog algunos años atrás abordamos el tema de cómo algunos sectores del mercado turísticos no tenían muchos incentivos para mejorar, o incluso podían ofrecer peores servicios si eso servía para vender sus productos más caros. Por ejemplo, como los servicios de transporte en muchos casos ofrecían servicios deliberadamente malos en sus versiones más económicas, como una forma de alentar la compra de las versiones más caras (chequear El planificado sufrimiento de las clases económicas). O cómo los restaurantes ubicados en zonas turísticas, con clientes que difícilmente los visiten por segunda vez, podían ofrecer productos mediocres a precios elevados. Al fin y al cabo, no tenían muchas perspectivas de construir una clientela fija, y los turistas no siempre saben como encontrar buenas alternativas en las ciudades que visitan (ver Turistas, Restaurantes e información privilegiada).

El segundo caso es muy interesante. En primer lugar, porque en la Red han surgido muchas alternativas para suplir esa falta de información puntual. Desde ya, las tradicionales guías de viajes y de restaurantes, pero también redes sociales basadas en geolocalización, como los casos de Foursquare, Gowalla y Foodspotting. Pero esta mayor disponibilidad de información para aquellos que pueden usar dispositivos móviles debe ser complementada con ciertas prácticas por parte de los turistas. Por ejemplo, y siempre que sea posible, a la hora de almorzar o cenar hay que alejarse de las zonas más turistificadas, buscar los consejos de los locales -en particular los que no están relacionados con el mercado de viajes- y aprovechar para comer bien al almuerzo -es más fácil encontrar mejores precios, en particular en zonas con muchos trabajadores locales. Desde ya, no hablamos de casos puntuales; seguramente ustedes conocen más de un caso de un local de comidas que, incluso en una zona turística, apuesta por el boca a boca y construir una reputación a largo plazo (y no vale mencionar casos en los que el sitio primero fue famoso entre los locales).

Lo que tenemos, entonces, es una combinación: hay que generar prácticas de viaje por las ciudades que atenúen nuestra falta de información del sitio, como buscar alternativas culinarias fuera del enclave turístico, junto con el aprovechamiento de la información de las redes sociales geolocalizadas y los consejos de locales.

El primer caso es más complejo. Que los servicios más económicos de los transportes puedan ser deliberadamente pobres frente a sus similares más caros no es tan simple de evitar con la combinación “prácticas + información”. En particular, porque las diferencias económicas pueden implicar costos que no podemos pagar. Queda claro que en los aviones se viaja mucho mejor en primera o business que en turista, pero las diferencias en los precios son muy significativas. Como recordábamos en El planificado sufrimiento de las clases económicas, “La razón de presentar peores asientos, comida de menor calidad -o ausencia de ésta- y pobres instalaciones en general no tiene que ver tanto con ahorrar en costos de materiales e insumos; más bien, está destinado a disuadir de su uso por parte de aquellos que tienen la posibilidad de gastar más”. Entonces, el tema no es que los que pagan menos. Es lograr que algunos paguen más.

La información y los saberes del viajero son puntos esenciales de toda planificación y disfrute de recorridos, pero siempre hay mercados específicos donde es más difícil lograr mejores resultados. Y marca algunos límites frente a ciertas visiones ingenuas acerca del papel de la información y el conocimiento en nuestras sociedades.

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Souvenires y los limites de la experiencia

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Productos tipicos

Desde hace varios años, la industria del souvenir se ha globalizado a pasos agigantados. Algunos años atrás, podíamos asumir que uno de estos productos, tan asociados al turismo, era un objeto de fabricación local, y que representaba algunos de los valores, costumbres o paisajes más relevantes del lugar. De allí su valor en términos turísticos; eran una prueba de que habíamos viajado, “estado allí”, y que le regalábamos esa prueba a otra persona, o la exhibíamos en nuestra casa.

Pero eso ya no es tan cierto. Hace un par de años, en mi última visita a Mar del Plata, me encontré con uno de esas tradicionales esferas llenas de agua, donde “nieva” si la movemos un poco. Y junto a la leyenda “recuerdo de Mar del Plata” se alzaba un muñeco de nieve. ¿Un muñeco de nieve en Mar del Plata? Tiene menos sentido que un caracol de mar con la leyenda “Recuerdo de Buenos Aires”. Se trata de una ciudad en la que rara vez nieva.

Comencé a revisar los souvenires en varias casas turísticas en la misma Mar del Plata, y encontré que todos eran muy similares, y en buena proporción, Made in China. Luego esa experiencia se repitió en otros lugares. En algunos casos el tema ya era extremo; en la isla Ellis, en New York, donde se encuentra la Estatua de la Libertad, era imposible encontrar en la tienda de recuerdos una representación de la imagen que no estuviera fabricada en China.

Los souvenires aparecían así como una estandarización notable de la experiencia turística. Se creaban productos genéricos para una serie de sitios con alguna característica marcada -mar, montaña, clima cálido o frío, músicas, danzas- y se las personalizaba un poco con el agregado de leyendas tipo “recuerdo de…”. En algunos casos, la “personalización” es muy tosca, como en el caso de los barcos de miniatura que encontré en Mar del Plata, donde la leyenda se encontraba agregada, simplemente, con una lapicera de tinta.

A esta altura, asumir que los souvenires son un producto local es algo cada vez menos justificable. Claro, los seguimos comprando. Ya sea porque la industria ha colonizado nuestra imaginación, por obligación o porque nos gustan los objetos ridículos, seguimos con una rutina de la compra de “objetos representativos”. Aunque estos objetos sean encargados de a millones a miles de kilómetros, y luego ajustados a ciertos destinos con pequeños retoques. Y mejor ni me meto con el tema de las remeras / polos / camisetas / t-shirts, porque allí se pueden rastrear cientos de dibujos idénticos que sólo se diferencian por el destino que aparece como leyenda.

La experiencia del viaje siempre se nos aparece como algo inabarcable, difícil de contar. Pero si nos concentramos en los souvenires, establecer algunos límites de esa experiencia no aparece como algo tan complicado de formalizar y representar en pocos objetos. La industria siempre se hace tiempo y espacio para estandarizar y globalizar lo que aparece, casi como una obviedad, como un producto local.

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Viajeros y turistas II

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Mis problemas: renegar de la distinción dicotómica entre viajeros y turistas. Sostener que no creo entrar en ninguna de esas categorías. Que me gusta pensar primero en las prácticas y después en las clasificaciones.

Pero las categorías de turista y viajero son excluyentes. Si te mueves por el mundo, entras en una o la otra.

Mis amigos, mi familia, insisten en definirme como viajero. En cierta medida, existe un imaginario que convierte al viaje independiente en algo “positivo” socialmente. El turista, en cambio, no tiene quien lo defienda. Al menos en el contexto académico.

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