- por Jorge Gobbi
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Venecia cobra una entrada de 5 a 10 euros a los visitantes que llegan por un día. Es una medida que a mucha gente le suena bastante razonable: si demasiada gente viene a tu ciudad y sobrepasa tu capacidad de carga, entonces hacerles pagar puede ser una solución. Problema identificado, problema resuelto. Pero como sucede frecuentemente en el turismo, la realidad es más complicada y la solución no es tan simple.
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El fenómeno que la Academia llama overtourism -término que en inglés puede sonar elegante pero que deberíamos traducir simplemente como «demasiado turismo»- es un síntoma de algo mucho más profundo, y que una entrada paga no va a resolver como única medida. Pero el hecho de que Venecia haya decidido cobrar un ticket de ingreso a la ciudad es más relevante para que sea un tema en nuestra agenda de problemáticas relevantes para el turismo actual.
La ilusión de que el único problema es la cantidad de turistas
Cuando escuchamos la palabra «overtourism», inmediatamente pensamos en «demasiados turistas». En el caso de Venecia, demasiados visitantes en la Piazza San Marco a las 11 de la mañana. La solución se puede reducir a una sencilla medida: reducir el número de turistas. Que paguen. Que sea difícil llegar. Prohibir los cruceros. Construir barreras urbanas.
En la actualidad se cobra 5 euros por día a todos aquellas personas no residentes mayores de 14 años que no pernocten en la ciudad e ingresen al centro histórico. Ese cobro se da entre las 8 y 16 horas -luego de esa hora ya no hay que abonar. Una novedad de este año es que el valor del ticket es de 5 euros si lo compramos al menos 4 días antes; de otra manera costará 10 euros. O sea que si llegan a la ciudad y quieren ingresar ese mismo día el valor será 10 euros.

Hay un problema con esta lógica simple de cobrar entrada. El overtourism no es realmente un problema de cantidad. O mejor dicho, la cantidad es solo la forma más visible de algo que funciona en al menos cuatro dimensiones simultáneamente.
Primero está el plano de la cantidad: sí, hay demasiadas personas. Pero el cobro de 5 a 10 euros no va a reducir significativamente el flujo porque el precio es bajo comparado con lo que alguien ya gastó para llegar a Venecia. Vuelos, trenes, comidas: 5 euros es muy poco en esa ecuación económica para la mayor parte de los viajeros -aunque como veremos más adelante, es cierto que el peso de estos cobros no es igual para todos.
Segundo, el plano de la calidad. Cuando hablan de overtourism, la gente que vive en Venecia no se queja solo del número de personas. Más bien señala que el dinero que traen los turistas no beneficia a la comunidad local. Se quejan de que los restaurantes, los hoteles, hasta las casas donde vivían familias venecianas ahora son propiedad de fondos de inversión internacionales que alquilan por noche en plataformas digitales. La tarifa de entrada trata el síntoma de cantidad, pero poco hace en relación a cómo se distribuye la riqueza que genera el turismo. Incluso si esos 5 a 10 euros van a parar a los fondos de la ciudad, el problema de la distribución de los beneficios del turismo va mucho más allá.
En tercer lugar está el plano de la velocidad. Las ciudades pueden absorber determinadas dimensiones del cambio cultural. Pero hay una velocidad de cambio a la cual los residentes dejan de reconocer su propia ciudad. Venecia cambió en dos décadas más que en siglos previos. La población local bajó de 175 mil habitantes en 1951 a menos de 50 mil hoy, mientras que la población de turistas anuales subió a más de 30 millones. Esa velocidad vertiginosa es traumática para la menguante población local. Un cobro de entrada no mejora mucho ese tema.

Y está finalmente el plano de la cultura: la transformación de cómo se vive en la ciudad, cómo se comparte el espacio público, cuáles comportamientos se normalizan. Una ciudad ocupada por turistas funciona diferente a una ciudad ocupada por residentes. El turista está en modo «consumidor en vacaciones», el residente está en modo «vivir». Estos modos entran en fricción permanente. 5 a 10 euros no cambia esa fricción fundamental.
El cobro de entrada de Venecia es abordar apenas una dimensión del problema. Podríamos decir que es mejor que no hace nada. Pero también hay que tener claro que no es suficiente como política de manejo de flujos turísticos.
La pregunta que Venecia no quiere hacer
Hay algo más interesante en el caso de Venecia que simplemente evaluar si 5 euros funcionan o no. Es el hecho de que Venecia fue elegida como la ciudad donde experimentar con una tarifa de acceso cuando hay otras ciudades donde el problema es igual o peor. Barcelona, Amsterdam, Dubrovnik: muchos lugares enfrentan lo mismo que Venecia.
¿Por qué Venecia? Porque es única. Es patrimonio de la humanidad, pero también propiedad de alguien. Italia decidió que quien visite Venecia como turista de paso debería pagar. Es una decisión sobre soberanía y acceso que inevitablemente hace surgir una pregunta incómoda: ¿quién tiene derecho a estar en Venecia?

Los académicos que estudian el overtourism notaron algo fundamental hace poco. Cuando empezamos a hablar de «limitar el turismo», estamos implícitamente hablando de límites al derecho de viajar, al derecho de movimiento. Casi todas las soluciones propuestas para el overtourism terminan siendo regresivas: afectan desproporcionadamente a viajeros de menor poder adquisitivo. Un turista millonario paga 5 o 10 euros y ni se entera. Un mochilero sudamericano, que ahorró todo un año para llegar a Italia, lo ve de otra manera.
Venecia cobra 5 a 10 euros porque es la opción más políticamente segura. Genera ingresos, tiene justificación económica, no es tan alto como para parecer prohibitivo. Pero si Venecia quisiera realmente resolver su crisis de turismo, tendría que hacer cosas mucho más radicales y potencialmente impopulares. Tendría que prohibir o limitar severamente los alquileres de corta duración; establecer cuotas en hoteles; frenar significativamente la llegada de cruceros. Tendría que reinvertir la mayoría de los ingresos turísticos en la población local de una manera que hiciera palpable su beneficio. Tendría que crear zonas de la ciudad donde simplemente no se permite turismo.
Nada de esto es políticamente fácil. Nada de esto genera buenas relaciones con la industria turística. Y nada de esto es bueno para los ingresos totales generados por el turismo a corto plazo. Así que, en cambio, Venecia cobra 5 euros y espera que eso sea suficiente.
Por qué no todo está perdido
Aquí es donde uno no debería ser completamente pesimista. La tarifa de entrada es una herramienta mediocre, pero es también una admisión pública de que el problema existe. Es un acto de reconocimiento. Venecia está diciendo, aunque sea de forma limitada, que no puede seguir funcionando como si el turismo no tuviera costos.
Y críticamente, la existencia de esa tarifa genera dinero. 5 a 10 euros multiplicado por los millones de turistas anuales es un monto interesante. La pregunta ahora es qué hace Venecia con ese dinero. Si lo invierte en conservación del patrimonio, en apoyo a residentes que se van, en infraestructura que beneficia a la población local, entonces esos euros adquieren sentido como parte de un programa más amplio. Si simplemente va a las arcas generales del presupuesto municipal y desaparece, entonces es un tributo más.
Entonces: el reconocimiento es importante, siempre y cuando no se quede en el plano de lo simbólico, y el dinero aportado por los turistas llegue tanto a la población local como a financiar programas que aborden los graves problemas edilicios de la ciudad.
El verdadero problema es estructural
Lo que Venecia ilustra es que el overtourism no es un problema de decisiones individuales de turistas. No es que haya demasiada gente egoísta visitando ciudades. El problema es estructural. Es un problema de inversiones de capital, de intermediarios digitales, de impulsar cambios en la forma en cómo viajamos y cómo se monetizan los flujos turísticos.
En la actualidad el sistema turístico hace que sea posible para muchas personas llegar a una ciudad patrimonio de la humanidad, pasar 12 horas, sacar fotos y partir. Las plataformas de viajes hacen dinero con cada clic, con cada reserva. Los alojamientos de corta duración generan retornos extraordinarios en relación a otras inversiones inmobiliarias. Los cruceros traen miles de personas por día con costos mínimos de operación. Todo el ecosistema económico está construido para maximizar la cantidad de viajes, no para optimizar la calidad de la experiencia o el bienestar de los lugares.

Una tarifa de 5 a 10 euros no ataca la estructura. Solo toca la superficie. Y es por eso que, sin importar cuántos euros cobre, Venecia seguirá enfrentando el mismo problema mañana.
Qué debería preocuparnos realmente
Para quienes trabajan en turismo: que Venecia cobre 5 a 10 euros debería preocuparte, pero no porque pienses que ese cobro sea injusto. Debería preocuparte porque señala que las ciudades están llegando a un punto cada vez más crítico y responden con medidas que apenas tocan el problema de verdad.
El desborde turístico de destinos como Venecia, Barcelona o Dubrovnik es la señal de alerta del turismo global. Si esos lugares están llegando a estos puntos de crisis, es porque el sistema de viajes está funcionando de forma fundamentalmente insostenible. Y las respuestas parche, como cobrar dinero o limitar cruceros, son admisiones silenciosas de que no tenemos realmente un plan mejor.
Lo que debería preocuparte es que tus vacaciones futuras podrían ocurrir en un mundo donde visitar lugares patrimonio de la humanidad sea cada vez más caro, más regulado, y paradójicamente, con una calidad cada vez mediocre. Porque justamente lo que les dio belleza a esos lugares, como la calidad del espacio público y la comunidad local, habrá sido degradado en nombre de maximizar la cantidad de visitantes y los beneficios económicos que no llegan a la mayor parte de la población local.
Venecia cobra una entrada de 5 a 10 euros. Eso no va a salvar a Venecia. Pero tal vez esa medida puede funcionar como una señal de reconocimiento: que lo que está funcionando mal es algo mucho más amplio que sólo la cantidad de turistas que llegan a un lugar.
Bibliografía
Para esta entrada, me basé sobre todo en la lectura de
Pechlaner, H., Innerhofer, E., & Erschbamer, G. (Eds.). (2020). Overtourism: Tourism management and solutions. Londres, Routledge.
En particular estos 3 capítulos (aunque todo el libro tiene elementos de análisis muy interesantes):
Koens, K., Postma, A., & Papp, B. (2020) «Management strategies for overtourism: From adaptation to system change». En H. Pechlaner, E. Innerhofer, & G. Erschbamer (Eds.), Overtourism: Tourism management and solutions (pp. 149-160). Londres, Routledge.
Zacher, D., Pechlaner, H., & Olbrich, N. (2020) «Strategy is the art of combining short- and long-term measures: Empirical evidence on overtourism from European cities and regions». En H. Pechlaner, E. Innerhofer, & G. Erschbamer (Eds.), Overtourism: Tourism management and solutions (pp. 25–42). Londres, Routledge.
De Marchi, D., & Manente, M. (2020) «Key themes for tourism development management: Lessons from Venice». En H. Pechlaner, E. Innerhofer, & G. Erschbamer (Eds.), Overtourism: Tourism management and solutions (pp. 125–133). Londres, Routledge.
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