- por Jorge Gobbi
Uno de los problemas del periodismo que más ha sido señalado por los estudios de newsmaking es la imposibilidad de trabajar con estructuras. Llevados por la lógica de la noticia a concentrarse en personas y hechos, por lo general los periodistas no pueden atender, salvo raras veces, las causas estructurales de esas noticias. El resultado es una visión del mundo muy fragmentada y desperdigada, que no logra conectar estructuralmente los sucesos más importantes.
Si algo no se le podía criticar a Michael Moore es el hecho de no concentrarse en la estructura de los sucesos. En Roger and Me, el cineasta no se quedaba con apenas retratar las consecuencias de los miles de despidos hechos por General Motors en Flint, Michigan, sino que iba un poco más allá, e intentaba indagar como las estructuras sociales y económicas justificaban, en nombre de su propia riqueza, la pauperización de una enorme parte de la población.
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Pero esto ya no sucede en Fahrenheit 9/11. Llevado por su interés de sacar a Bush de la Casa Blanca, Moore se vuelve del todo un periodista: pierde muchas veces de vista las estructuras que conectan los hechos, y se focaliza excesivamente en George W. Así como los análisis del antimenemismo más simplón se concentraban en Menem como razón de todos los males, la pelìcula tal vez carga demasiado las tintas sobre una serie de personas a las que conocemos largamente de las noticias. El punto clave no es Bush, sino como su gobierno ha servido para que un establishment muy complejo y diversificado -la industria del petróleo, la banca, las empresas proveedoras del Departamento de Defensa, etc- se han hecho sin mayores vueltas del aparato público y lo han puesto a su servicio. Algo en lo cual los argentinos tenemos bastante experiencia.
En medio del fárrago de las imágenes, Moore ha optado por ir directo y muy duro; al concentrarse casi exclusivamente en la figura de Bush logra un efecto mucho más importante, pero a la vez sacrifica esa mirada mucho más compleja y abarcadora de sus anteriores filmes. Si tenemos que guiarnos por los resultados económicos y polìticos del filme, es evidente que no se equivocó en la decisión. Pero a la vez, me pregunto si al guiarse por esta lógica tan periodística, no estamos repitiendo el mismo problema: el de construir el mundo de una manera demasiado fragmentada, concentrada en hechos y personas, sin ver las necesarias conexiones polìticas, sociales y económicas que están por detrás.
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Un comentario en «Agentes y estructuras: acerca de Fahrenheit 9/11 (II)»
Los comentarios están cerrados.

A un dia de ver la película, no me queda más que dedir que mis sospechas están bien fundadas al igual que muchos de los norteamericanos y los que tienen oídos y ojos para ver la realidad. Los sucesos ocurridos el 11 de Septiembre son hechos producidos por la codicia del poder. Manejo del Poder por parte del presidente Busch, sí, porque sólo a él le interesaban todos los efectos que han producido al comenzar una guerra tan fría y sucia como la que hiso este tipo, y no conforme con su mentalidad diabólica indució a otros que tenían un cerebro un poco más débiles como ser presidentes de otros países que han pasado el error de sus actos con facturas de muertes, entierros, dolor……