La modernidad tenía una característica muy interesante: la separación de espacios. Ocio y trabajo, por ejemplo, aparecían perfectamente escindidos. Se trabajaba una determinada cantidad de horas por día, y luego uno iba a su casa. Cada cierta cantidad de tiempo, teníamos vacaciones. Y ese espacio estaba perfectamente delimitado con respecto al período de trabajo. Y en las vacaciones no trabajábamos, y eso estaba claro.
Esa separación de espacios hace rato está en crisis. Hoy, nos vamos de viaje y seguimos chequeando el correo electrónico, incluso realizando algunas tareas por Internet. Y aparecen las voces de «esto es explotación, jamás paramos de trabajar». Hay algo de razonable en ese reclamo, pero a la vez a veces se pierde de vista un punto clave: hoy, quienes pueden, viajan mucho más que apenas 15 ó 21 días al año. Me puedo usar como ejemplo: si puedo dejar Buenos Aires varias veces al año es porque buena parte de las tareas que me dan de comer pueden ser ejecutadas por Internet. Entonces, deberíamos pensar en un punto: está bien quejarse porque trabajamos demasiado. Incluso, por esa obsesión un tanto enfermiza por la conexión a Internet. Pero, en la tradicional separación de espacios de la modernidad, sólo podrían viajar una vez al año. ¿Este año viajaron más veces? No se quejen. En todo caso, transformen en un objetivo conseguir un empleo que les permita tomarse «vacaciones totales» una vez al año. Pero si después no pueden viajar más de una vez al año, no protesten.
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Realmente, si vamos a pensar en el mercado de trabajo, mi preocupación no es tanto la cantidad de horas de trabajo o el hecho de que ocio y trabajo cada vez estén más indiferenciados. Me preocupa más la progresiva precarización del empleo, la falta de cobertura médica, la conversión en un mero servicio de nuestras tareas profesionales. Pero, a la vez que tiene cosas malas, Internet como soporte de trabajo ha abierto muchas nuevas oportunidades. Por ejemplo, poder viajar y trabajar. Reclamar que «viajar es no trabajar» es, en buena medida, volver al orden anterior: viajar es algo que sólo se hace una vez al año. Hay quienes jamás salieron de ese orden de cosas, pero realmente prefiero perder la estricta diferenciación entre ocio y trabajo antes que volver al modelo de la modernidad de espacio claramente distinguidos.
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Un comentario en «Vacaciones y modernidad, o la lenta despedida de la separacion estricta entre ocio y trabajo»
Los comentarios están cerrados.

Es muy cierto Jorge, bienvenido el trabajo que nos permite viajar.
La cada vez menor distancia entre las horas de ocio y trabajo se ve también en los programas que implementan empresas para su personal, cuyo argumento es realizar actividades de recreación y esparcimiento, pero siempre dentro del ámbito organizacional. Creo que el motivo es incentivar la creatividad y la dinámica de equipo, con el fin de que genere proyectos o ideas de negocio.
En algunos países hasta se ve cómo han implementado espacios con camas para dormir siesta o descansar, siempre procurando que la persona pase la mayor cantidad de horas de su día en la oficina.
Saludos