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El viaje en tiempo real como cambio cultural: de Google Maps a IA generativa

El viaje en tiempo real como cambio cultural: de Google Maps a IA generativa

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Desde hace varios años sabemos que un creciente número de viajeros, en particular los más jóvenes, optan por organizar partes de su viaje a partir de los datos que van obteniendo en tiempo real de aplicaciones como Google Maps. Esta tendencia está muy lejos del modelo tradicional de turismo, donde los itinerarios se planificaban con semanas o meses de antelación a través de guías de viaje primero, y luego con sitios Web y blogs. Esta generalización de la búsqueda en tiempo real se da sobre todo con cuestiones ligadas a la gastronomía y el transporte, pero también se extiende cada vez más a la búsqueda de alojamiento de última hora y actividades culturales. Los viajeros contemporáneos han desarrollado una confianza notable en su capacidad de improvisar y adaptarse sobre la marcha, siempre y cuando tengan acceso a Internet, claro.

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El creciente uso de las herramientas de Inteligencia Artificial Generativa va a profundizar ese uso de la búsqueda en tiempo real. Las capacidades conversacionales y de procesamiento de lenguaje natural de estos sistemas permiten una interacción mucho más contextualizada que las búsquedas tradicionales por palabras clave. Lo más común no va a ser pedir itinerarios completos antes de viajar; más bien el punto clave será la interacción personalizada en tiempo real con los agentes de IA mientras nos encontramos de viaje.

Imaginen un escenario donde un viajero, parado en una esquina de Barcelona, puede preguntarle a su asistente de IA: «Tengo dos horas libres, me gusta el arte contemporáneo pero no los museos muy concurridos, prefiero lugares con historia local, y quiero terminar en algún sitio donde pueda comer tapas y que no sea un tourist trap«. La IA no solo podrá procesar esta consulta, sino que además considerará factores como el clima, la cantidad de personas en los distintos lugares, las preferencias gastronómicas previas del usuario, e incluso su estado de ánimo inferido a partir de sus interacciones recientes -y sí, recuerden que muchos usuarios hasta usan los asistentes de IA como terapeutas.

Es ante todo un cambio cultural profundo que va a impactar en nuestras prácticas en el destino, pero también en la manera en que concebimos el concepto mismo de «conocer» un lugar. Este fenómeno refleja una transformación más amplia en nuestra relación con la información y la toma de decisiones, donde la inmediatez y la personalización se valoran por encima de la planificación exhaustiva. Les puede o no gustar, pero está pasando.

Ventajas: personalización sin precedentes

Desde ya, estos cambios traen toda una serie de novedades positivas y negativas. Por el lado beneficioso, los usuarios van a poder organizar sus recorridos de manera personalizada a partir de un motor de recomendaciones que conoce sus gustos, historial de viajes, restricciones en alimentación, presupuesto, limitaciones físicas y preferencias culturales. Esta personalización, en teoría, podría alcanzar niveles de sofisticación comparables a los de un asistente experto que hubiera estudiado los hábitos y preferencias del usuario durante años. Todavía no están ahí pero en los próximos 18 a 24 meses seguramente los asistentes de IA van a mostrar mejoras sensibles.

Eventualmente podríamos apuntar a que las plataformas de IA nos recomienden lugares no tan obvios o que estén fuera del circuito turístico tradicional, funcionando como asistentes de experiencias locales más «auténticas» -no discutamos ahora este concepto, no es el objetivo de este texto. Estos sistemas de IA podrían identificar patrones en las reseñas locales y analizar datos de geolocalización para encontrar los lugares favoritos de los residentes.

Además, podríamos conocer los promedios de precios de los productos y servicios en tiempo real para no pagar de más o recibir alertas sobre ofertas especiales en restaurantes y negocios cercanos. El acceso a información que tradicionalmente solo tenían los guías turísticos profesionales representa, de manera potencial, un cambio significativo para muchos viajeros.

Otro beneficio significativo será la capacidad de adaptación dinámica. Si llueve inesperadamente, la IA podrá reorganizar instantáneamente el itinerario sugiriendo actividades bajo techo. Si un museo está cerrado por mantenimiento, puede proponer alternativas similares o completamente diferentes según el nivel de flexibilidad que indique el usuario.

Riesgos: concentración de poder y dependencia tecnológica

Lo negativo es también una larga lista, pero podemos arrancar por el que aparece como más preocupante: la enorme concentración de poder en las principales plataformas de IA, que tendrán un extenso conocimiento sobre nuestra vida personal, patrones de comportamiento, preferencias íntimas, situación financiera -inferida a partir de nuestras decisiones de gasto-, y sobre las maneras en que accedemos a la información. Esta concentración de datos sensibles en pocas corporaciones tecnológicas plantea serios interrogantes sobre la privacidad y la autonomía personal.

Existe también el riesgo de la homogenización de la experiencia turística. Si millones de viajeros reciben recomendaciones de los mismos algoritmos, podríamos asistir a una paradójica estandarización de lo que se supone que debería ser personalización. Los destinos «auténticos» podrían saturarse rápidamente una vez que sean «descubiertos» por las IA, lo que replica el problema del overtourism pero de manera más impredecible.

Otro punto crítico: al menos por ahora la calidad de la información que suelen brindar estas plataformas está un tanto lejos de la calidad de un experto local o un guía especializado con años de experiencia en el destino. Las IA además suelen cometer errores de manera frecuente -las llamadas «alucinaciones»- por lo que una consulta sobre temas de los que no ha procesado tanta información podría arruinarnos parte de nuestro viaje.

Otra preocupación pasa sobre la pérdida del descubrimiento fortuito, la famosa «serendipia». La hiperoptimización de cada momento del viaje podría eliminar esos hallazgos casuales o momentos de circulación sin agenda, y que para muchos de nosotros han sido fuente de las experiencias más memorables a la hora de visitar un destino.

Un futuro posible: el oligopolio informacional en el turismo

Si bien ahora hay muchas empresas lanzando productos ligados con la IA (desde startups especializadas en turismo hasta grandes corporaciones tecnológicas), la experiencia que ya tenemos con Internet y la evolución de las plataformas digitales permite pensar que la interacción entre usuarios y agentes de IA se va a concentrar en pocas manos. Los efectos de red, las economías de escala en el procesamiento de datos, y las barreras de entrada cada vez más altas para desarrollar IA competitiva apuntan hacia esta consolidación.

Todas las grandes empresas del sector están desarrollando de manera acelerada sus agentes conversacionales, como ya lo experimentaron los usuarios de ChatGPT, Anthropic Claude, Perplexity y Google Gemini, por citar las plataformas más populares -tal vez en el futuro podamos sumar a Meta, Amazon y alguna compañía más, pero por ahora las primeras son las más importantes. Esta carrera tecnológica determinará qué corporaciones tendrán acceso privilegiado a nuestros datos de viaje y, por extensión, podrán influir en nuestras decisiones turísticas.

Cuando nos encontremos de viaje vamos a seguir usando los agentes que ya elegimos en la vida cotidiana, como nos pasa con el resto de las aplicaciones. Esta continuidad será clave para la adopción masiva, pero también implica que las mismas empresas que ya conocen nuestros hábitos de consumo y relaciones sociales ahora tendrán acceso también a nuestros patrones de movilidad y comportamiento en contextos de ocio.

Conclusiones: infinitos predecibles

Estos cambios en la manera de viajar no son simplemente actualizaciones tecnológicas, sino un indicador de cómo nos relacionamos con la información y la toma de decisiones. Podriamos hipotetizar que estamos transitando de una cultura de la planificación y la anticipación hacia una cultura de la respuesta inmediata y la gratificación instantánea. Este cambio trasciende el turismo y se manifiesta en muchos otros ámbitos que van desde la educación hasta el desarrollo de una carrera profesional.

La gran pregunta es si se pueden aprovechar los beneficios de esta personalización y eficiencia sin sacrificar la diversidad de experiencias y la privacidad personal. El riesgo no es solo que todos terminemos visitando los mismos lugares recomendados por algoritmos similares, sino algo más sutil: que nuestras preferencias se vuelvan cada vez más predecibles mientras creemos estar accediendo a opciones infinitas.

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