- por Jorge Gobbi
En los últimos días, me encontré con varios libros que analizan lo que se denomina «el siglo chino». La idea: que el crecimiento de China hará que este país se transforme en unas décadas en la nación económicamente más poderosa de la Tierra. En el mercado turístico, por ejemplo, se espera que para 2020 China sea la nación más visitada, y que los turistas de ese país, gracias a la progresiva liberalización económica, comiencen a llegar a muchas partes del mundo. En un planeta donde hay unos 800 millones de viajeros internacionales al año, que el 10% de la población china comience a viajar fuera de su país aportaría de 120 a 150 millones de viajeros extra.
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Pero una cosa es que China se transforme en la principal economía del mundo, y otra que este país logre establecer un proceso político de hegemonía sobre el resto del mundo. Como muchos saben, la capacidad de Estados Unidos de transformarse en una potencia imperial fue una combinación de capacidades económicas y culturales. Este último punto es clave: Estados Unidos ha logrado universalizar sus formas de ver el mundo a través de una impresionante producción de filmes, libros, programas de televisión, e incluso a través de una popularización evidente del inglés en las últimas cinco décadas.
La segunda economía del mundo en este momento, Japón, aparecía en la década del ’80 como la potencia por venir. No sólo tenía una gran importancia económica; también podía ofrecer una notable producción cultural hoy conocida en todo el mundo, basada sobre todo en el manga y el anime.
Todo esto desemboca en una pregunta: ¿puede China transformarse en una potencia hegemónica mundial cuando sus producciones culturales aún no logran popularizarse en el mundo? Hay una razón para esta no popularidad: el férreo control que el partido comunista chino ejerce sobre cualquier forma de expresión. Ese control, combinado con la represión política, ha permitido que China crezca a tasas altísimas y que buena parte de la población tolere condiciones de vida que en otras partes del mundo hubieran llevado a explosivas rebeliones masivas. Pero, a la vez, condena a China a una producción cultural masiva que carece del atractivo de la producida en Estados Unidos y Japón. No creo que a ninguno de ustedes les interese demasiado leer o ver cosas que glorifican un partido, o cierta visión del pasado al servicio de intereses partidarios muy precisos.
Léase bien: no digo que NADA de lo producido en China no pueda popularizarse en el resto del mundo. Lo que afirmo es que, medido por su relevancia económica, China ha producido muchos menos productos mediáticos populares que Estados Unidos y Japón. Si nos atenemos a experiencias históricas anteriores, parece muy complicado poder construir una hegemonía política global si se carece de la capacidad de crear productos globales, que traduzcan, en términos simbólicos, el poder económico de una nación.
La seguimos mañana
La imagen que abre la entrada, donde se ve a Beijing detrás de una densa niebla por la polución, fue tomada por Addictive Picasso y publicada en Flickr bajo licencia Creative Commons Attribution.
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Un comentario en «China y el siglo chino 1»
Los comentarios están cerrados.


Wow, que buen análisis Jorge.
Más de una vez me he pensado esto también, y no sé si será por temor a lo desconocido o qué cosas, pero sinceramente me aterra pensar que el modelo cultural chino, tan opuesto en tantas cosas a nuestra visión occidental del mundo, termine por imponerse por cuestiones de poder económico en el resto de la tierra. No sé, ¿es que acaso hay una remota posibilidad de que eso suceda? Aunque sí es cierto eso de que las verdaderas conquistas de territorios hoy día no se hacen con cañones y espadas, sino con ofertas culturales lo suficientemente atractivas y «deseables» para ser asimiladas sin chistar por el resto del mundo. En eso los EE.UU son maestros.