Sobre lugares instagrameables y la deriva de las redes sociales

Sobre lugares instagrameables y la deriva de las redes sociales

Antes de la pandemia la categoría de “instagrameable” era una tendencia omnipresente en muchos destinos turísticos. Era clave tener algún lugar en el que los turistas pudiera obtener “esa” foto representativa del destino. Esa instagrameabilidad podía ser parte de la tradición visual de ese lugar, o podía ser creada directamente para aparecer en las redes sociales.

Viajes y la categoría de lo instagrameable

Lo instagrameable apareció en un primer momento asociado a la fotografía. Al fin y al cabo, Instagram era eso, una red social basada en la fotografía. Y su relevancia era muy notoria. Los turistas y sus imágenes eran una muestra de cuán populares eran algunos destinos. No importaba demasiado si todos tomaban las mismas fotos; lo importante es cuán relevante era su experiencia para ellos y sus amigos / contactos en las redes sociales.

photo of woman sitting on boat spreading her arms
Photo by Te lensFix on Pexels.com

Y mucho del impacto de lo instagrameable implicaba lugares con una cuidada puesta en escena. Por ejemplo, que lucieran como espacios íntimos, con pocos turistas, donde se privilegiaba la conexión entre el individuo y su entorno. De más está decir que eso era el efecto buscado, y que muchas veces implicaba esperar un momento sin otros turistas, o que estos se encontraran del otro lado de la cámara esperando para su “momento íntimo”.

Pospandemia y relato de viajes

Pero durante la pandemia Instagram comenzó a transformarse en una red social más basada en el video, tanto los reels como las transmisiones en vivo. Y esos lugares instagrameables se movieron hacia el video, lo que implicaba una puesta en escena aún más complicada. El abuso del recurso de la “conexión íntima” entre el turista y el lugar dio lugar al conocido meme de “Instagram vs reality”, que tan fácilmente puede encontrarse en TikTok.

La gran pregunta es: ¿el aporte de Instagram al mundo del turismo se agotó en las cuidadas puestas de escena de lo instagrameable? Claramente durante años fueron la red social más relevante para el turismo. Pero también trajeron consigo una forma cada vez más artificial de contar los viajes. De hecho, en TikTok casi podía encontrarse la tendencia contraria, de personas narrando viajes fallidos, con problemas, al borde de ser arruinados por demoras en el transporte o por fenómenos meteorológicos.

En un momento donde el turismo mundial ya superó, en términos generales, los números prepandemia, es evidente que los destinos más importantes no necesitan más promoción. De hecho, varios de ellos, como los casos de Venecia y Amsterdam, más bien están interesados en reducir la cantidad de visitantes a la vez que busca monetizarlos de manera mucho más agresiva, con tasas impositivas e incluso con tickets de acceso a los centros históricos. En ese punto lo instagrameable pierde fuerza y se agota en una repetición excesiva.

Frente a ello, estamos en un momento bastante poco preciso en cuanto a tendencias sobre turismo en las redes sociales. ¿Un modelo más humano, menos perfecto, a la TikTok, a veces resumido como un simple carrousel de fotos? ¿Una propuesta de lo instagrameable concentrado en destinos poco conocidos y que necesitan más turistas? ¿Un relato de los lugares modelado por los vloggers de YouTube o influenciadores de Instagram?

Diez años atrás lo usual era hablar del valor de las experiencias. En términos individuales sigue siendo un punto clave. Pero es difícil decir si alcanza ya para construir propuestas atractivas o diferenciales desde el contenido en las redes sociales. El modelo de lo instagrameable potenció el atractivo de esas experiencias, pero a la larga exageró tanto que las volvió artificiales y poco creíbles. Va siendo tiempo de encontrar otra forma de narrar los viajes en las redes sociales. Salvo que quieran volver al texto, cosa que muchos de nosotros en realidad nunca abandonamos

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